La tecnología de punta mira hacia el hidrógeno

Ieco

Por Francisco de Zárate | fdezarate@clarin.com

Sin llegar al nivel exótico de los Estados Unidos, donde dos estudiantes del MIT propusieron que en zonas de tránsito turístico se instalaran plataformas capaces de recoger la energía generada por las pisadas, la investigación en tecnologías alternativas en Argentina tiene algo de trecho recorrido, principalmente en el uso de hidrógeno como combustible.

El equipo de Miguel Laborde, de la UBA, conocido por su sistema para obtener hidrógeno a partir de etanol, estrenará en octubre una planta piloto capaz de generar 1 kilowatt hora solo con etanol (el 20% de lo que necesita una casa en su consumo eléctrico y de calefacción). En 5 años, creen que el dispositivo podrá usarse en autos que carguen etanol y lo conviertan en hidrógeno.

La alternativa, que es llevar un depósito de hidrógeno comprimido en el auto, tiene el inconveniente del riesgo de explosión.

Más allá del etanol, Walter Triaca, de la Universidad de La Plata, quiere mejorar el rendimiento del hidrógeno, venga de donde venga. Tiene dos patentes en gestión: un diseño propio de una celda de combustible multimódulo (el sistema que libera la energía química del hidrógeno) y el desarrollo de un catalizador que mejora esa liberación de energía.

Además de no contaminar, el hidrógeno tiene una virtud de la que carecen muchas fuentes de energía alternativas: es almacenable. De ahí que también se esté experimentado en Argentina con molinos de viento que descargan sobre el agua parte de la energía eléctrica generada por sus aspas.

Esta electrólisis libera el hidrógeno de la fórmula H20 y lo deja a disposición para tener energía cuando haga falta y no solo cuando haya viento.


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