Cambio Climático

  • Efecto Invernadero y Ciclo de Carbono
  • Compromiso Mundial
  • IPCC
  • UNFCCC
  • Protocolo de Kyoto

Efecto Invernadero y Ciclo de Carbono

La vida en la Tierra es posible gracias a la energía emanada por el Sol. Aproximadamente el 30% de la luz solar vuelve a dispersarse en el espacio por la acción de la atmósfera exterior, pero el resto llega a la superficie terrestre, que la refleja en forma de energía más tranquila y de movimiento más lento: son los rayos infrarrojos. La radiación infrarroja es trasmitida lentamente por las corrientes de aire, y su liberación final en el espacio se ve frenada por los gases de efecto invernadero (GEI), como el vapor de agua, el  dióxido de carbono (CO2), el ozono y el metano.

Los GEI representan sólo aproximadamente el 1% de la atmósfera, pero actúan como una manta o capa que rodea a la Tierra : retienen el calor y mantienen el planeta unos 30°C más caliente que si no existieran.

Las actividades humanas hacen que esta capa sea cada vez “más gruesa”: Los niveles naturales de estos gases se ven complementados por las emisiones de CO2 resultantes de la combustión de petróleo, carbón y gas natural; la tala de bosque, el metano y él óxido nitroso adicionales producidos por las actividades agrícolas. Una capa “más gruesa” de GEI retiene más los rayos infrarrojos y hace subir las temperaturas, calentando la superficie terrestre.

La temperatura media de la superficie terrestre ha subido más de 0,6oC desde los últimos años del siglo XIX. Se prevé que aumente de nuevo entre 1,4oC y 5,8oC para el año 2100, lo que representa un cambio rápido y profundo. Aun cuando el aumento real sea el mínimo previsto, será mayor que en cualquier siglo de los últimos 10.000 años.

La razón principal de la subida de la temperatura es un proceso de industrialización iniciado hace siglo y medio y, en particular, la combustión de cantidades cada vez mayores de petróleo, gasolina y carbón, la tala de bosques y algunos métodos de explotación agrícola.

Estas actividades han aumentado el volumen de “gases de efecto invernadero” en la atmósfera, sobre todo de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso. Estos gases se producen naturalmente y son fundamentales para la vida en la Tierra; impiden que parte del calor solar regrese al espacio, y sin ellos el mundo sería un lugar frío y yermo. Pero cuando el volumen de estos gases es considerable y crece sin descanso, provocan unas temperaturas artificialmente elevadas y modifican el clima. El decenio de 1990 parece haber sido el más cálido del último milenio, y 1998 el año más caluroso.

El cambio climático puede tener consecuencias nefastas: nos lo podrían confirmar los dinosaurios, si no se hubieran extinguido. La teoría dominante es que no sobrevivieron cuando un meteorito gigante se estrelló contra la Tierra hace 65 millones de años, levantando tal cantidad de polvo en la atmósfera que la luz solar se vio fuertemente reducida, las temperaturas bajaron precipitadamente, muchas plantas no pudieron crecer y la cadena alimentaria se desintegró.

Lo que ocurrió a los dinosaurios es un claro ejemplo de cambio climático más rápido que el que el ser humano está ahora infligiéndose a sí mismo… pero no el único. Las investigaciones sobre los núcleos de hielo y los sedimentos lacustres revelan que el sistema climático ha sufrido otras fluctuaciones abruptas en el pasado lejano: parece que el clima ha tenido “puntos de inflexión” capaces de generar fuertes sacudidas y recuperaciones. Aunque los científicos están todavía analizando lo que ocurrió durante esos acontecimientos del pasado, es claro que un mundo sobrecargado con 6.300 millones de personas es un lugar arriesgado para realizar experimentos incontrolados con el clima.

Según las previsiones, la actual tendencia hacia el calentamiento provocará algunas extinciones. Numerosas especies vegetales y animales, debilitadas ya por la contaminación y la pérdida de hábitat, no sobrevivirán los próximos 100 años. El ser humano, aunque no se ve amenazado de esta manera, se encontrará probablemente con dificultades cada vez mayores. Los graves episodios recientes de tormentas, inundaciones y sequías, por ejemplo, parecen demostrar que los modelos informáticos que predicen “episodios climáticos extremos” más frecuentes están en lo cierto.

El nivel del mar subió por término medio entre 10 y 20 centímetros durante el siglo XX, y para el año 2100 se prevé una subida adicional de 9 a 88 cm (la subida de las temperaturas hace que el volumen del océano se expanda, y la fusión de los glaciares y casquetes polares aumenta el volumen de agua). Si se llega al extremo superior de esa escala, el mar podría invadir los litorales fuertemente poblados de países como Bangladesh, provocar la desaparición total de algunas naciones (como el Estado insular de las Maldivas), contaminar las reservas de agua dulce de miles de millones de personas y provocar migraciones en masa.

Según las previsiones, los rendimientos agrícolas disminuirán en la mayor parte de las regiones tropicales y subtropicales, pero también en las zonas templadas si la subida de la temperatura es de más de unos grados. Se prevé también un proceso de desertificación de zonas continentales interiores, por ejemplo el Asia central, el Sahel africano y las Grandes Llanuras de los Estados Unidos. Estos cambios podrían provocar, como mínimo, perturbaciones en el aprovechamiento de la tierra y el suministro de alimentos. La zona de distribución de enfermedades como el paludismo podría ampliarse.

El calentamiento atmosférico es un problema “moderno”: es complicado, afecta a todo el mundo y se entremezcla con cuestiones difíciles como la pobreza, el desarrollo económico y el crecimiento demográfico. No será fácil resolverlo. Ignorarlo, sería todavía peor.

Compromiso Mundial

Hace más de un decenio, la mayor parte de los países se adhirieron a un tratado internacional –la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático– para comenzar a considerar qué se puede hacer para reducir el calentamiento atmosférico y adoptar medidas para hacer frente a las subidas de la temperatura que sean inevitables. El 1997, los gobiernos acordaron incorporar una adición al tratado, conocida con el nombre de Protocolo de Kyoto, que cuenta con medidas más enérgicas (y jurídicamente vinculantes). Se prevé que el Protocolo entre en vigor en breve plazo. Y, desde 1988, un Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático ha examinado las investigaciones científicas y ofrecido a los gobiernos resúmenes y asesoramiento sobre los problemas climáticos.

IPCC

En 1988, se creó el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) por iniciativa de la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Se trata de un grupo abierto a todos los Miembros de las Naciones Unidas y de la OMM (Organización Meteorológica Mundial). Este Grupo presentó en 1991 un primer informe de evaluación en el que se reflejaban las opiniones de 400 científicos. En dicho informe se afirmaba que el calentamiento atmosférico era real y se pedía a la comunidad internacional que hiciera algo para evitarlo.

Las observaciones del IPCC reflejan un consenso científico mundial y son de carácter apolítico. Su función consiste en examinar investigaciones, publicar informes periódicos de evaluación y compilar informes especiales y documentos técnicos relevantes para entender los elementos científicos del riesgo que supone el cambio climático provocado por las actividades humanas, sus posibles repercusiones y las posibilidades de adaptación y atenuación del mismo.

En Mayo de 1992, en Río de Janeiro (Brasil), se celebraron tres tratados internacionales en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo: la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC o UNFCCC), el  Convenio sobre la Diversidad Biológica y la Convención de Lucha contra la Desertificación. Estas tres se denominan las “Convenciones de Río”.

UNFCCC

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático” (UNFCCC), establece una estructura general para los esfuerzos intergubernamentales encaminados a resolver el desafío del cambio climático. Reconoce que la estabilidad del sistema climático se ve afectada por actividades industriales y de otro tipo que emiten CO2 y otros gases que retienen el calor.

El texto del a convención comienza así:

“Reconociendo que los cambios del clima de la Tierra y sus efectos adversos son una preocupación común de toda la humanidad, Preocupados porque las actividades humanas han ido aumentando sustancialmente las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, y porque ese aumento intensifica el efecto invernadero natural, lo cual da como resultado, en promedio, un calentamiento adicional de la superficie y la atmósfera, de la Tierra y puede afectar adversamente a los ecosistemas naturales y a la humanidad…”.

En la Convención, si bien es un documento “Marco” que debe desarrollarse con el tiempo, se fija el objetivo último de estabilizar las emisiones de GEI a un nivel que impida interferencias antropogénicas peligrosas en el sistema climático”. Se declara asimismo que “ese nivel debería lograrse en un plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, asegurar que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga de manera sostenible”.

Los Estados que no han firmado la Convención pueden acceder a ella en cualquier momento. La Convención ha recibido hasta la fecha 192 instrumentos de ratificación.

Protocolo de Kyoto

En diciembre de 1997, los gobiernos acordaron incorporar una adición al tratado, conocido como el “Protocolo de Kyoto”. Este refuerza los objetivos, principios e instituciones de la Convención, ya que las Partes se comprometen a lograr objetivos individuales y jurídicamente vinculantes para limitar o reducir sus emisiones de GEI. Sólo las Partes adheridas la Convención que sean también Partes al Protocolo (es decir, que lo ratifiquen, acepten, aprueben o adhieran a él) se ven obligadas por los compromisos del  Protocolo. Entre todos suman un total de  recorte de las emisiones de GEI de al menos el 5% con respecto a los niveles de 1990 en el periodo de compromiso de 2008-2012.

Incluyeron en el acuerdo de Kyoto mecanismos para el “Comercio de Emisiones” (posibilidad de comprar excedentes de CO2 a otros países que hayan reducido sus emisiones), un “Mecanismo para un Desarrollo Limpio” (proyectos en países en desarrollo por parte de países industrializados), “la implementación conjunta” (puesta en práctica conjunta entre países industrializados) y los sumideros (dependencia de los bosques y la vegetación para absorber CO2).

El acuerdo ha entrado en vigencia el 16 de febrero de 2005. En la actualidad 186 países lo han ratificado.

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